Se oye una vez más ese trasfondo susurrado al oído de las gotas al chocar, una por una, en ventanas, asfalto, caminos; haciendo tambalear árboles enteros, pensamientos inciertos.
Se vislumbra una vez más el movimiento apremiado de animalitos buscando cobijo, salvando a los suyos de lo que podría ser su final, viéndose arrastrados, torturados por fenómenos que no pueden controlar.
Se observan siluetas en ventanas semiabiertas, público privilegiado de todo los que ocurre a sus pies. Esas figuras a contraluz aspiran el aire cargado de humedad, llenando sus pulmones, haciéndoles inspirar, expirar.
En momentos como este se siente, una vez más, poderosa, grandiosa, guía de actos, pensamientos, catástrofes y milagros.
Cuando ella quiera, las gotas dejarán de luchar, los animalitos saldrán, las siluetas pensativas volverán a sus quehaceres, y las sequías e inundaciones se intercambiarán las tornas. Pero solo cuando ella quiera, Madre Naturaleza.